2.1.2 Deforestación
La expansión agrícola es el principal motor de la deforestación: la agricultura comercial a gran escala (ganadería, producción de soja y palma aceitera) representó el 40% de la deforestación en los trópicos entre 2000-2010, mientras que la agricultura de subsistencia representó un 33% [1]. Entre 2015 y 2020, la tasa de deforestación se estimó en 10 millones de hectáreas anuales, comparado con los 16 millones de hectáreas anuales de la década de los 90. Entre los impactos de la deforestación destacan: la erosión del suelo, la mayor incidencia de inundaciones, la pérdida de biodiversidad y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero; la deforestación, por lo tanto, es una causa importante del cambio climático.
Desde hace tiempo se reconoce que el cacao es un motor de la deforestación: se talan bosques para obtener nuevas tierras productivas cuando los cacaotales existentes empiezan a tener problemas, tales como el envejecimiento de sus cacaoteros, con la caída consiguiente de la productividad; la degradación del suelo, o el aumento de la presión de plagas y enfermedades. Los índices de deforestación en África Occidental han ido aumentando a lo largo de la última década; ante esta situación, tanto el gobierno como el sector privado se han comprometido a intentar acabar con la deforestación provocada por el cacao. Las iniciativas público-privadas lideradas por la World Cocoa Foundation (WCF) en Colombia, Côte d’Ivoire y Ghana, al igual que IDH-The Sustainable Trade Initiative en Camerún, pretenden evitar una mayor deforestación e introducir enfoques más sostenibles e inteligentes desde el punto de vista climático para el cacao. Durante la reciente reunión de COP26 en Glasgow, los líderes de más de 100 naciones se comprometieron a detener o revertir los efectos de la deforestación para 2030.
La imagen que figura a continuación, de un árbol talado y plantas jóvenes de cacao en una de las principales zonas productoras de cacao, ilustra otra perspectiva: “La pérdida de selvas tropicales significa más que la mera destrucción de unos paisajes bonitos. Si la deforestación sigue a su ritmo actual, las selvas tropicales del mundo desaparecerán en 100 años, causando un impacto desconocido sobre el clima global y eliminando la mayoría de las especies vegetales y animales del planeta” [2].