3.4.2 Cacao ecológico
Tras una serie de “alarmas alimentarias”, y ante la preocupación de los consumidores por la seguridad de los alimentos, la producción de cacao ecológico ha experimentado un crecimiento notable desde principios del presente siglo [1], aunque la tasa de crecimiento se ha visto mermada por la recesión posterior a 2008. Cuando la certificación se aplica con éxito, el cacaocultor se beneficia de los elevados precios de la cosecha, aunque algunos advierten que la producción puede incluir cacao “ecológico por defecto” – en cuyo cultivo los cacaocultores simplemente no utilizan insumos como fertilizantes y pesticidas (a menudo con baja productividad) – en lugar de adherirse activamente a los principios de la agricultura ecológica.
En la actualidad, existen varias interpretaciones de la agricultura ecológica en distintas regiones del mundo, que reflejan diferentes enfoques (agrícola/técnico, económico o científico y filosófico). En 1999, el Codex Alimentarius formuló una definición general: “La agricultura orgánica es un sistema holístico de gestión de la producción que fomenta y mejora la salud del agroecosistema, y en particular la biodiversidad, los ciclos biológicos, y la actividad biológica del suelo. Hace hincapié en el empleo de prácticas de gestión prefiriéndolas respecto al empleo de insumos externos a la finca, teniendo en cuenta que las condiciones regionales requerirán sistemas adaptados localmente. Esto se consigue empleando, siempre que sea posible, métodos culturales, biológicos y mecánicos, en contraposición al uso de materiales sintéticos, para cumplir cada función específica dentro del sistema”. La mayoría de las entidades certificadoras están afiliadas a la Fundación Internacional de Movimientos de Agricultura Ecológica (IFOAM: www.ifoam.org).
La IFOAM promueve cuatro principios de la agricultura ecológica:
- salud: del suelo, de la planta, del animal, del ser humano y del planeta;
- ecología: trabajar con sistemas y ciclos;
- justicia: caracterizada por la equidad, el respeto, la imparcialidad y la administración;
- cuidado: trabajar de forma preventiva y responsable.
La producción ecológica no está exenta de polémica, y entre los argumentos en contra [2] destaca el daño que provoca la agricultura extensiva (uso de la tierra) a ecosistemas enteros: en lugar de la “intensificación sostenible” [3] necesaria para alimentar a una población humana creciente desde unas tierras agrícolas limitadas. Además, la agricultura ecológica rara vez está “libre de plaguicidas”, aunque sus defensores declaren que les preocupan las sustancias que son “bioacumulativas” o “muy persistentes en el medio ambiente”. En zonas donde predominan enfermedades del cacao como la Phytophthora megakarya, la pérdida de cosechas podría ser muy grave para los productores ecológicos que sólo confían en los controles culturales. Al ser elemental, el cobre no es degradable y se acumula en el suelo con el uso continuado [4]. Los pocos estudios realizados hasta la fecha no han identificado efectos nocivos de la exposición a medio plazo para los organismos del suelo [5], aunque un estudio brasileño indicó que altas concentraciones de este elemento podrían afectar negativamente a la importante leguminosa de sombra Erythrina fusca. Se puede argumentar que, por el contrario, algunos productos químicos sintéticos utilizados por los productores convencionales son más seguros de aplicar (los compuestos de cobre varían en toxicidad entre la clase I y III) y degradables en el medio ambiente [6]. En la UE, se propuso que el uso del cobre fuera inferior a 8 kg/ha/año después de 2002, y la IFOAM sugirió que se retirara por completo después de 2010. Sin embargo, los agricultores “ecológicos” siguen pulverizando cobre, pero ahora normalmente hasta un límite de 6 kg/ha/año. Esto representa probablemente un máximo de 4 pulverizaciones por temporada con las dosis normales de aplicación; el uso de fungicidas de cobre se trata con más detalle en la sección 4.5.2.
El cacao certificado como “ecológico” cuenta con una prima considerable de precio. En todo el mundo existen varios sistemas y marcas para certificar los productos ecológicos, por ejemplo:
El logotipo de la “eurohoja” (abajo a la derecha) es obligatorio desde el 1 de julio de 2009 para los alimentos ecológicos preenvasados producidos en cualquiera de los 27 Estados miembros de la UE. Dentro de la UE, el logotipo con las palabras “Agricultura ecológica” o sus traducciones (abajo a la izquierda y en el centro) puede ser utilizado de forma voluntaria por los productores cuyos sistemas y productos hayan sido calificados de satisfactorios. El Reglamento (CE) nº 889/2008 de la UE establece las disposiciones de aplicación del Reglamento (CE) nº 834/2007 del Consejo, que deroga y sustituye al Reglamento (CE) nº 2092/91, con el fin de definir de forma más explícita los objetivos, principios y normas aplicables a la producción ecológica y contribuir a la transparencia y la confianza de los consumidores, así como a una percepción armonizada del concepto de producción ecológica [7].