3.3 BPA, MIP y URP/UR en la práctica
Según la opinión mayoritaria, la mejor forma de controlar las plagas es dentro del marco del Manejo Integrado de Plagas (MIP) o, de forma más general, de la Gestión Integrada de Cultivos (GIC). La aplicación práctica del MIP, término acuñado en 1967 por R.F. Smith y R. van den Bosch, ha sido objeto de mucho debate, sobre todo en relación con el empleo de plaguicidas. La definición acordada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y respaldada por los organismos agroquímicos, varias ONG y la Organización Internacional de Agricultores es la siguiente:
“El Manejo Integrado de Plagas (MIP) significa la cuidadosa consideración de todas las técnicas disponibles para combatir las plagas y la posterior integración de medidas apropiadas que disminuyen el desarrollo de poblaciones de plagas y mantienen el empleo de plaguicidas y otras intervenciones a niveles económicamente justificados y que reducen al mínimo los riesgos para la salud humana y el ambiente. Con el MIP se hace hincapié en el crecimiento de cultivos sanos, perturbando lo menos posible los ecosistemas agrícolas y fomentando los mecanismos naturales de control de plagas” [1].